martes, 12 de junio de 2012

Messi, el que inspira



No, no y no. El fútbol no nos ha llevado hasta aquí. Hasta este cúmulo de arrogancia que hoy nos atrae sólo problemas. Porque eso de creer que somos y que tenemos lo mejor es para puro disgusto. Basta con cruzar la frontera para comprender el rechazo que genera esta soberbia generalizada. Y, tal vez sí, el fútbol nos pueda salvar. O mejor dicho una porción del fútbol nos pueda salvar. O quizá el fútbol en su máximo sentido nos salve. Porque Lionel Messi es eso: fútbol en su máximo sentido; de estética, de arte, de eficacia. Y, por sobre todas las cosas y como antagonismo de un país egocéntrico,  de humildad.

Nunca un gesto. Nunca una palabra de más que lo arruine todo. Messi ostenta una imagen de austeridad, a pesar de ser la persona con mayor riqueza dentro del verde césped. Y afuera, cuando el tumulto de los flashes podrían encandilarlo, sigue siendo Leo, quien tranquilamente pasaría por estudiante de psicología de cuarto año, si no fuera por el cardumen de gente que gira a su alrededor.

Y cuánto bien nos hace que el mejor de todos se mantenga con este perfil. Es una prueba de fuego para aquellos altaneros que creen que el poder de su orgullo los llevó a donde están. Y no comprenden que sin ese orgullo, hasta sus propias capacidades se multiplicarían. Si el pillo supiera de las ventajas de ser humilde, de puro pillo se volvería humilde. Porque allí se sitúa Messi y aprende de todos. De los que están a su favor y los que no.

Si no fuera por esos regates a una velocidad inhumana, o por esos pases filtrados e indescifrables, o por esa definición infalible, Messi también sería un distinto. Porque para este fútbol,  un distinto es alguien que no le protesta a los árbitros, alguien que sacrifica una amarilla del rival por un par de segundos más con ese objeto preciado al que tanto venera,  alguien que resigna la confrontación con el contrario por seguir dando el máximo en el juego y evita cualquier otra cuestión que estén exentas de ello. Todo eso no solamente lo vuelve un distinto, también lo hace el mejor. Porque por más sencillo que parezca, estas cuestiones inciden enormemente en el rendimiento.

Y tal vez estas palabras se puedan volver anónimas y olvidadas, como tantas otras. Pero, también, como tantas otras cosas anónimas y olvidadas, es necesario realizarlas igual. Porque un empresario, un carpintero o un taxista pueden salir inspirados. Solamente humildad y enfoque en el verdadero objetivo. Y quizás Messi y el fútbol nos salven de seguir equivocando el camino.

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