jueves, 7 de julio de 2011

Argentina-Colombia, los matices de una álgida noche

El empate por la segunda fecha de la Copa América entre Argentina y Colombia se atestó de diferencias. Mientras la adjetivación carece de recursos para argumentar este mal momento argentino, aquí un resumen de las referencias más notorias del partido.

-El sistema inicial es irrelevante: Colombia arrancó con un 4-4-2 y tuvo mayor profundidad que el 4-3-3 argentino. Entonces, los dibujos tácticos no determinan nada.
-La convicción de un equipo es sagrada: una de las diferencias más notorias fue la desigualdad de convencimiento entre un seleccionado y otro. Los colombianos sabían cómo, cuándo y dónde presionar; cómo, cuándo y dónde hacer posesión y cómo, cuándo y dónde revolearla. La Argentina se bamboleaba sin personalidad entre una idiosincrasia de ataque mediante el pase y una ligera intención de ataque directo. A su vez, sus delanteros salían a presionar totalmente aislados de los volantes, quienes optaban por el repliegue, y favorecían a la salida prolija rival. La convicción de un modelo también se trabaja.
-Ya no se gana más con un nombre. A pesar de ser la Selección Argentina y contar con algunas de las mejores estrellas a nivel mundial, el trabajo metódico y el funcionamiento como equipo decreta la diferencia dentro del campo de juego. Lo demás, es parte de un juego mediático con el que muchos se sienten identificados.
-“Las delanteras ganan partidos, las defensas campeonatos”. Es discutible si la frase popular que dedican gran parte de los fanáticos a argumentar resultados se relaciona o no con la realidad. Lo cierto es que, según lo que se vio ayer, la defensa colombiana fue más impetuosa que la propia delantera argentina. No ganó el partido, pero sí marcó la superioridad de un planteo táctico.
- Negar el pase interior y se acaban los recursos. El inteligente planteo colombiano demostró que, impidiéndole el pase interior filtrado, la Argentina se queda sin recursos. Los laterales no profundizan, los volantes carecen de movilidad y los delanteros pecan de individualistas, en un equipo con amplio déficit colectivo.
-No es conveniente innovar en pleno desarrollo. Casi siempre, las pruebas en medio de la competencia dejan saldos negativos. Tal es el caso de Javier Zanetti, jugó de lateral por izquierda, no rindió y se vio afectado por un perfil que dejaba en evidencia a su pierna menos hábil. El equipo padeció su nula participación ofensiva.

Está claro. Los adjetivos no alcanzan para fundamentar este presente martirizador. Sin embargo, los verbos esclarecen muchas cosas.

miércoles, 6 de julio de 2011

Chile, entre el proyecto de ayer y de hoy

Se sabe, un equipo se siente conforme en la medida de que lo planificado se plasme dentro del campo. La primera fecha de la Copa América ya es historia y un claro denominador común simboliza la jornada: equipos con carencias de identidad y evidentes actuaciones sometidas al rival de turno. Les pasó a los equipos de mayor y menor jerarquía. Todos, sustituyendo lo programado por el apremio del momento. Dice un dicho popular que siempre existe la excepción a la regla, en este caso: Chile. Una sumatoria de fundamentos coloca al equipo  de Claudio Borghi en el primer plano americano, por más que el impacto de algún mal resultado contradiga la cuestión.

La esencia de un proyecto es determinante en la obtención de resultados, por más reiterativo que suene. Chile se suma a la lista de innumerables ejemplos que validan esta afirmación.

“Es sustancial la homogeneidad entre dirigentes, cuerpo técnico y jugadores para un programa serio, duradero y fructífero”.  Matías Manna, dueño del prestigioso Blog Paradigma Guardiola, manifestó este argumento, anoche, en Fox Sports. El joven analista de fútbol hizo un paralelismo entre la realidad de las selecciones que disputan la Copa América y el Barcelona del que tan cómodo se siente examinando. Coherente, ratificó la concordancia que requiere la suma de las partes,  a la que Chile demuestra hace varios años no estar exento.

El convencimiento de un modelo de juego característico es otra de los soportes vitales de una gestión virtuosa. Había dudas con el arribo de Borghi, pero un par de amistosos y el primer encuentro oficial denotaron la continuidad por una misma senda metódica. Un estilo claro, con la tenencia de la pelota como premisa y un dibujo táctico muy similar al del último mundial.

Hace seis meses, el temor militaba entre los trasandinos. El fin del  período Bielsa, propulsor de un proceso que marcó la historia de los chilenos, abría la incertidumbre. Se acababa el mandato de Harold Mayne-Nicholls y la continuidad de un camino coherente y productivo era toda una incógnita.

Hoy, a 132 días de la iniciación de Borghi, las dudas cesan un poco. Se percibe racionalidad, la continuación de un proyecto y los resultados en el juego comienzan a manifestarse. Sin embargo, se advierte una ligera desconfianza: no se sabe si el programa continúa por un camino productivo o simplemente es el envión de lo que dejó la era Marcelo Bielsa.


lunes, 4 de julio de 2011

En los zapatos de Batista, para cambiar el chip

Es cierto, cuatro días es poco tiempo. La Argentina mostró demasiados desajustes, el viernes, frente a Bolivia, como para pretender presentar un proceder totalmente antagónico e ilusionante. Las pretensiones no pasan por desmerecer la valía de un proyecto; sabemos, son los que determinan el destino de un equipo. Sin embargo, siempre hay oportunidades de cambios, inclusive con las presiones con las cuales convive el equipo de Sergio Batista.

Cambiar la mentalidad: eficiente primer paso. Lograr transformar lo negativo en potencial es parte de una modificación rotunda con interesantes aspiraciones. Modificar el eje contextual, buscando jugar con autodeterminación; distinto a informalidad. Entender la presión de los hinchas como una realidad que abarca a los últimos 18 años; no es un problema de hoy. Comprender el empate ante Bolivia como el fin de una etapa, y no como el inicio de un período de derrotas. Entablar el futuro inmediato en busca de objetivos precisos que lleven, primero, a la consagración de un equipo, antes de pensar en copas y coronaciones.

Luego, analizar lo que pasó, impulsar las virtudes y aplacar los errores. Parece difícil llevarlo a la práctica. Se necesita de una gran concentración que exceda al propio entrenamiento dentro del campo. Mantenerse alerta, sobre todo cuando la influencia de videos y análisis pueden contribuir en la mejoría del equipo.

Después sí, arremeter de lleno en lo táctico, ya no hay tiempo para los procesos. Si la idea sigue siendo el 4-3-3, es determinante trabajar intensivamente en los laterales. Lograr que agredan cada vez que vayan al ataque. Eliminar la intrascendencia.  Además, es esencial ocuparse de la agresividad de los dos centrales. Firmeza ante los ataques directos rivales y racionalidad al momento de formar parte de la elaboración del ataque, como continuidad de la posesión.

En el medio campo, también hace falta disminuir desaciertos.  Es vital, más contra rivales de segundo nivel que apelan constantemente al juego aéreo,  estar atentos a la segunda pelota. Ésa que viene luego de un rechazo del propio equipo y recomponen la posesión. El Barcelona es experto en adueñarse de la segunda pelota; sus volantes, más allá de la tenencia, son maestros en este aspecto.

En cuanto a la ofensiva, los conceptos son muy claros. El equipo abunda en la horizontalidad, a pesar de tener al jugador más vertical del mundo. Allí pasa a ser fundamental quitarle presión a Lionel Messi, citarlo lo menos posible. Ahondar en lo colectivo y mitigar la discusión sobre los nombres, a pesar de que la prensa se encargue constantemente de revivirla.

Batista utiliza los reflejos y manifiesta un cambio para el próximo encuentro frente a Colombia: Pablo Zabaleta desde el arranque, Javier Zanetti por izquierda y afuera el joven Marcos Rojo.

Orden, rapidez en las transiciones y verticalidad. Por allí los principales motivos de cambio dentro del rectángulo para el segundo encuentro. Es cierto, son muchos más los ajustes que se deben hacer. Igualmente, cuatro días es mucho tiempo; sólo hace falta cambiar el chip.




Argentina y un mundo de contradicciones que bambolean la realidad

“No harán muy grandes cosas los vacilantes que dudan de la seguridad”, aseguró Thomas Eliot. Acotados los momentos, a lo largo de su cronología, en los que Sergio Batista logró exceder la frase del poeta inglés. Su paso por la selección se destaca por una total discordancia entre sus palabras y sus hechos. El equipo tiene una inmensa demanda de juego, sin embargo la oferta dentro del campo es irrisoria. Así lo demostró en el debut del viernes con Bolivia; la subestimación, la carencia de ideas y las contradicciones marcaron el camino de un conjunto que asegura estar yendo por la gloria máxima, aunque parece tener el mapa equivocado.

Desmarques de ruptura, precisión, pases filtrados, transiciones rápidas, repliegues oportunos. Algunos de los ítems que determinan una victoria frente a Bolivia, por más que el subconsciente afirme una y otra vez que con la calidad de jugadores alcanza. Grave error. El rival fue superior y con un planteo táctico sublime estuvo a muy poco de conseguir la victoria.

Lo cierto es que el partido -la Copa en realidad-para Argentina, empezó en desventaja desde el momento que el líder (Batista) comenzó a poner en juego su confianza en el grupo. Carlos Tevez hizo méritos suficientes para estar en el equipo, posiblemente sea uno de los mejores jugadores del país. Pero si el modelo de juego que requiere el entrenador no se adecúa a las infinitas habilidades del delantero, es totalmente legítimo que no lo tenga en cuenta, por más que la identificación del jugador con el pueblo genere tantas satisfacciones. Entonces, allí, donde confiar en los ideales sobrevalua el camino, falló Batista.  La aceptación del pueblo fue más fuerte y hoy padece las consecuencias.

Los problemas visibles arribaron al equipo albiceleste, el mismo día que el primer partido oficial golpeó la puerta. Allí estaba el equipo argentino, plagado de estrellas mundiales que tapan la realidad: para llegar al éxito se necesita de un largo proceso y muchas horas de trabajo en el camino. No alcanza con imitar otro estilo. No alcanza teniendo a los mejores, ni explicándoles, una y otra vez, la manera de jugar que se desea. No existen las fórmulas salvadoras, sólo hay que apostar al entrenamiento metódico.


Los emparches son tan conocidos como la carencia de identidad. En los fracasos todo se acentúa, es evidente. También es evidente el racimo de ineptitudes que se sucedieron en los últimos años en el seleccionado nacional.

“Todo pasa”. Sobresale la frase popular en un anillo de Julio Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino. Es discutible. No sé si algún día pasará la serie de malas gestiones, tampoco pareciera pasar tan fácil una repentina eliminación de una Copa América como local. Ojalá todo pase, inclusive la frase que Thomas Eliot implantó. Ojalá algún día los vacilantes que duden de la seguridad hagan grandes cosas.


viernes, 1 de julio de 2011

Fútbol ejemplo: la realidad del otro lado del charco

¿Por qué? Nos lo preguntamos todo el tiempo. ¿Por qué es tan grande el matiz entre el fútbol argentino y el europeo? ¿Dónde nace el problema? Lo primero que el subconsciente argumenta: “las diferencias económicas son abismales y el éxodo de jugadores es insostenible”. Cierto.  Pero, ¿a qué se deben eses diferencias económicas? ¿Es simplemente el famoso imperialismo que se adueña de todo? Error. Aquí un ejemplo claro de la desemejanza de gestiones del otro lado del océano.

España vive, en este último tiempo, una recia disputa entre la incoherencia y la lógica. Como en todos lados, la contaminación acecha con adueñarse de las entidades. Pero allí, cuando la locomotora del “todo pasa” amenaza con incrementarse, aparecen  líderes sensatos que marcan el camino de un fútbol que continúa en alzas.

En los últimos días, hubieron siete clubes españoles, de la segunda división, que adeudaban dinero a sus jugadores. Razonable, la Asociación de Futbolistas Españoles (entidad que rige en la segunda categoría) colocó una fecha límite para abonar el monto, advirtiendo de duras represalias si continuaba el pasivo. La fecha estipulada fue nada más que una circunstancia, para los equipos que no cumplieron con el tiempo y sufrieron la objetividad de una manera de actuar que refleja sus resultados dentro del campo. Alicante, Castellón, Cultural y Deportiva Leonesa, Polideportivo Ejido, Palencia, Rayo Vallecano B y Universidad de Las Palmas descendieron a la tercera división por deberles una importante suma de dinero a sus jugadores.

Cuántas diferencias y sólo un océano de por medio. Cuánta formación hay que tener para rechazar los emparchados y entender, con tanta facilidad, los beneficios de arrancar el problema de raíz.

Allí está la Argentina, maltratada ante un juego corrompido por los que nunca se calzaron los cortos. Sí, es cierto, existen cientos de otros problemas que todos los días acechan contra el fútbol y contra la propia nación. Pero hay un eje contextual que los de arriba proponen. Tal es el caso de los españoles, que apalearon la peste con coherencia. Y también es el caso de los argentinos, que multiplican la inoperancia con malas desiciones. Entonces, la próxima vez que nos preguntemos por qué, observemos del otro lado del charco. Allí seguramente estará la respuesta.


miércoles, 29 de junio de 2011

Argentina y una historia repleta de contrariedades

Pasaron 24 años de aquella fiesta. El país todavía disfrutaba la coronación de la última Copa del Mundo. Corría 1987. Argentina era anfitrión de una nueva Copa América.  Agradecimiento y jolgorio para un seleccionado que se reencontraba con su gente luego de la proeza de México 86. El fútbol fue mutando a la par de los sentimientos de 40 millones de hinchas. Devinieron tiempos difíciles. El presente acecha bajo el lema de ganar o ganar, cualquiera sea el costo futuro.

Parecería imposible revivir un 11 de julio como el de 1987. Nulos requerimientos. Pura retribución para un equipo desfachatado que amaba el ataque directo, tanto como su entrenador, Carlos Bilardo, las prácticas heterodoxas. Un cuarto lugar festivo, como si la consagración del año anterior descartara cualquier tipo de exigencias. Colombia venció a la Argentina en aquel encuentro por la tercera ubicación. Chile se subió al segundo escalafón del podio y un sólido Uruguay se adueñó del máximo galardón.

Pasaron más de dos décadas y una final inmediata en el polémico Italia 90. El mejor jugador de la historia quedó en el camino entre la gloria máxima y sus despiadados inconvenientes extra futbolísticos. Atrás quedó la osadía de Bilardo, la autonomía de Basile, el estoico Pasarella, la diligencia de Bielsa, el laborioso Pekerman, un renovado Basile y el ímpetu revolucionario de Maradona. Atrás quedó la heterogeneidad de los estilos fulminados por la carencia de resultados.  Fue una única Copa América. Fue una pérdida lenta y progresiva de paciencia. Fueron cinco ilusiones mundiales, algunas más elevadas que otras; directamente proporcionales al dolor que provocaron al caer de ese precipicio llamado eliminación.

Fueron 24 años que derivan en un presente extraño. Un presente fundamentado por la contrariedad que implica el déficit resultadista y a la vez la plena necesidad de tener, como pocas veces, un proyecto genuino que tenga su cúspide en Brasil 2014. Un dolor extremo, simbolizado por una espina que lleva 20 años lastimando  el potencial de una idea a mediano plazo.

El presente exhibe a Sergio Batista como conductor del barco, que hasta ahora parece tener la brújula imantada. Sin un rumbo concreto, el entrenador es prisionero de una realidad que no se somete a los mismos patrones que hace dos décadas. Con un fin manifiesto, jugar como el Barcelona, pero sin los recursos nítidos, el conjunto argentino es anfitrión de un nuevo certamen que recibe  a los seleccionados americanos. Un Brasil impetuoso, un eficiente Uruguay y un prometedor Chile presentan las imágenes más atrayentes.

Desde el patio de su casa, un equipo deseoso arremete por sus objetivos. Alzarse con el título y cortar con una racha que lleva 20 años de sequía son los principales anhelos de un combinado que deposita todas sus convicciones  en el joven Lionel Messi  y no en un estilo de juego naturalizado desde el génesis. La Argentina vuelve a recibir una nueva Copa América. Pasaron 24 años y muchas cosas cambiaron: esta vez la fiesta sólo parece posible con la consagración albiceleste.




lunes, 27 de junio de 2011

Crónica de un precipicio anunciado

El país mastica el sabor de la inoperancia. Las especulaciones murieron en el mismo momento que la ineptitud de las gestiones cosecharon sus frutos más palpables. El fútbol, magnífico espejo de proyectos, se cobró una nueva víctima. River se fue al descenso. No es una víctima más, es una de esas que hacen frenar la locomotora del “todo pasa”. Es una de esas que forja el inicio de un nuevo ciclo.

A pesar de faltarle a la creatividad, hablar de este presente del fútbol es reflejar una cadena de errores que llevan al descenso de uno de los clubes más prestigiosos del país. Hablar de este presente es rememorar viejos líderes hundidos en el suplicio de la incapacidad, a los que algunos prefieren llamar estafa. Hablar de este presente es pensar en subestimación, es creer que la inmunidad pasa por el dicho popular de ser uno de los equipos grandes del país: “la AFA no lo va a permitir”; cuánta torpeza en tan pocas palabras. Hablar de este presente es no morir con las botas puestas, es ceder el protagonismo dentro del rectángulo por sospechar que de esa manera se logra el éxodo de la zona roja, es infringir a la percepción.

“El éxito es deformante, engaña, relaja, nos vuelva peor”. Cuánta exactitud comprimida en una sola afirmación. Así debieron haberlo percibido los responsables de este River, que dos meses atrás se encontraba de imprevisto con la primera posición del torneo local.  Con los objetivos confusos y una gloria pasajera que aturdió a más de uno, el equipo conducido por Juan José López  prolongó su camino carente de identidad y casi sin darse cuenta aniquiló su destino promoviendo un modelo de juego superficial y cambiante. 

Entonces así, faltándole a una manera de ser que siempre enmarcó su esencia, la fulgurante banda roja cruzada se encontró en promoción. Sorpresa para los escépticos. Sobre todo luego de que entró a jugar el primer encuentro sin siquiera rasgos motivacionales, que generalmente un partido de esta característica suele propinar. Un 2 a 0 rotundo y esperado para los conocedores de la segunda categoría nacional. Un segundo cotejo inyectado por la auténtica posibilidad del descenso. Ni la efervescencia que Daniel Pasarella intentó transmitir, ni la profundidad en el mensaje tardío de Sergio Vigil, animaron a un plantel anodino y escaso de convicciones.

Lágrimas, incredulidad y descenso. Incidentes que simbolizan la degradación cultural de una parte importante del país. Reclamo: culpa y castigo para los dirigentes responsables. Represión insignificante para un plantel sufrido. Unos segundos de silencio impulsados por un replanteo multitudinario. Y luego, caer en la realidad.  Toparse de frente con una pared construida durante 110 años. Pensar en lo que viene. Cómo afrontar una categoría hostil que no sabe de prestigios e impone sus propios modales.

Allí, otra vez la vapuleada razón vuelve a entrar en acción. ¿Sigue el presidente o se va? ¿Con qué tipo de jugadores se afronta esta categoría? ¿Con qué entrenador? ¿Se acondiciona el equipo a lo que propone la divisional o se implanta una identidad patente?

Pasó un día del descenso de River. El mundo de la pelota está en pausa. En mayor o menor medida, todos se conmocionaron con el sorpresivo final.  Lo positivo: la locomotora puso un freno de manos. El fútbol comienza un nuevo ciclo con una marca favorable: ahora todos conocen el amargo sabor de la inoperancia. 




viernes, 24 de junio de 2011

Lionel Messi, en búsqueda de la plena felicidad

¿Qué más puede desear Lionel Messi? El diario Marca de España propone el interrogante. En el día de su cumpleaños, el mejor jugador del mundo se topa con un presente plagado de contradicciones. Entre el mejor equipo de todos los tiempos y un seleccionado anodino y vacuo hay sólo unos días de diferencia. Mientras el país entrega todas sus esperanzas en esa zurda imprevista y llena de sorpresas, ¿qué puede anhelar el joven en su cumpleaños 24? Actitudes coherentes,  un estilo patente para sus equipos y que la camiseta exceda su nombre. Si el delantero argentino tuviera que hundir su dedo índice en la torta futbolera y los famosos tres deseos acecharan en su mente, seguramente no estaría demasiado lejos.

Tal vez el año pasado a esta altura, los tres deseos pasaban por salir campeón del mundo con la selección argentina, y consagrarse en lo personal y en lo grupal.  El trágico capítulo final de Sudáfrica dejó en evidencia a un equipo que supo disimular la falta de identidad y orden táctico con ciertas genialidades individuales, hasta que una aplanadora alemana truncó el sueño utópico.

El duelo fue largo y costoso. El regreso a España apaciguó el dolor con éxitos interiores. La íntima satisfacción de formar parte de un equipo de ensueños, de no acarrear con todas las responsabilidades y de coincidir además con una manera de pensar y de actuar más que arraigada. Además, las victorias también se reflejaron en números: la liga, la copa, el oficio de goleador y nuevamente el mejor jugador del mundo. Otro año de ensueños con su Barcelona, ése que lo contuvo cuando todavía era un anónimo gambeteador intrascendente.

Pasó el tiempo, la tristeza de la eliminación de Sudáfrica derivó en cambios y una nueva etapa aparentaba una mutación de raíz. Tener un estilo patente, una coherencia definida y exceder a su nombre. Hoy, a pocos días del inicio de la Copa América, Messi vuelve a pedir tres deseos. Ya no pide por su Barcelona, sólo le resta ser feliz con la selección.



miércoles, 22 de junio de 2011

El fútbol, más allá de una camiseta

Miro la tabla del torneo argentino, veo a River jugando la promoción. ¡Es genial! Arremete mi subconsciente. Excedo al fanatismo. Agradezco haber sido criado en una cultura que  desborde los colores y domine la lógica. Auguro la promoción, espero lo peor para el equipo de Núñez. Repito: me encuentro más allá del fanatismo. Creo fervientemente que con el descenso de un prestigioso club a nivel mundial, nuestro fútbol dará un gran salto de calidad. Se terminarán los parches en las ruedas y se verá de una vez por todas el resultado de tantas incoherencias. Con la historia como aliado y los apasionados en el papel de escépticos, agotaré los fundamentos.

El fútbol argentino tuvo, a través del tiempo, tantas evoluciones como involuciones posibles. La más notoria, con el mundo de los negocios como principal intérprete, la que vincula a las gestiones dirigenciales. El poder, el dinero, las conveniencias personales y la casi nula inversión en capacitaciones de nuevos líderes marca a las claras la cronología de una crisis que el propio fútbol utiliza de espejo.

Las divisiones inferiores prolongan la ineptitud. Clubes y entrenadores que ponderan consagrarse campeones, antes de emprender un modelo de juego homogéneo en toda la institución. Entonces, cada DT entrena como cree conveniente. El camino integral hacia primera división queda en un segundo plano; llegar a la cumbre con algunos sistemas internalizados, una manera de jugar arraigada desde el génesis y cuantiosos fundamentos que procreen ése estilo parece utópico para decenas de clubes que se desempeñan en la élite argentina.

Por otra parte, el fútbol nacional sufre el perjuicio de sus propias leyes. Queda en jaque ante los captadores de talentos europeos que cautivan fácilmente a los jóvenes y sus familias. Trabajo, infraestructura, dinero y primer mundo son razones suficientes para opacar el presente futbolístico de nuestro país, urgido por necesidades y carente de recursos para adolescentes desamparados. La ley de la patria potestad, que ampara a los padres gobernar sobre el pase de sus hijos hasta la mayoría de edad, facilita el éxodo.

Frente a tantas contrariedades, hay instituciones modelos que sustituyeron mediocridad por disciplina. No es casualidad que clubes con buenas gestiones, donde se interpuso el organismo por encima de cualquier nombre, estén gozando de buenos resultados dentro del campo de juego. Estudiantes, Vélez, Godoy Cruz y Lanús son claros ejemplos. Invirtiendo tiempo  y dinero en cuestiones muy importantes pero no urgentes ingresaron al acotado grupo que atesora a quienes le apostaron a los cimientos de la base.

Vuelvo a mirar la tabla. Veo a River jugando la promoción y soy consciente del deterioro provocado por todos estos factores. ¡Es espantoso! Espero que el fútbol pueda darse cuenta a tiempo del camino por el que vamos. Espero que River se quede en primera.

martes, 14 de junio de 2011

Un ganador clonado


El fútbol concedió otro maniático. Así se puede considerar a André Villas Boas. Un entrenador    obsesivo, descarado, astuto y hasta mentiroso. Con 33 años, en su primera temporada completa como entrenador en el Porto, ganó los cuatro títulos que disputó. Un fanático de lo táctico quien, a los 16, ya era ayudante de Boby Robson en el Porto; todo producto de su extrema osadía y su infinito amor por el juego. 

El diario Récord, de México, relató una anécdota que lo enmarca como un verdadero audaz: "'Míster, ¿Por qué no juega Domingos Paciencia?', se atrevió a preguntarle un joven de apenas 16 años a (el entrenador del Porto, Bobby) Robson. A Luis André Pina Cabral Villas-Boas le atormentaba ver como el delantero del FC Porto, su gran ídolo, había perdido su puesto y estaba convencido de que Paciencia aún tenía muchas cosas que aportar al equipo en el cual Mourinho ya era asistente. Sin dudarlo, y aprovechando que vivía en el mismo edificio que el técnico inglés, el chico escribió una carta en la que desmenuzaba cómo sacar más rendimiento a Paciencia y la dejó en el buzón de Robson. El entrenador quedó tan fascinado por lo que leyó que llamó a André para ofrecerle un puesto como ayudante en prácticas. Fue el comienzo de una carrera plagada de locuras".

Cinco años más tarde, con el amor por la tarea a flor de piel y con el sello de ayudante de Robson y José Mourinho en su currículum, Villas Boas, mintiendo su edad, se hizo cargo del seleccionado de Islas Vírgenes Británicas. A pesar de no tener canas para peinar, su valiosa experiencia le regaló al equipo caribeño su mejor posición histórica en el ránking FIFA. Todo gracias a un joven atrevido.

Fiel discípulo de su mentor Robson y promovedor de un osado 4-3-3, el actual DT del Porto de 
Portugal no para de recibir elogios. El segundo torneo más importante de Europa (Europa League), la Supercopa, la Copa de Portugal y la Liga (con una campaña fenomenal: 27 victorias y tres empates) posicionaron a Villas Boas en el primer plano mundial. 

En la final de la Europa League, como una causalidad del destino, se encontró ante la contradictoria situación de tener como entrenador del banco de enfrente a su ídolo de la infancia Domingos Paciencia. Le exhibió su devoción, luego le ganó y finalmente le dio un abrazó que personificó el agradecimiento. 

Eficiente, ambicioso, metódico y joven. Equidistante a Mourinho: entrenador de títulos.
Ambos, líderes superlativos y sobre todo eficaces. El fútbol concedió otro maniático, otro
adicto a ganar.



lunes, 13 de junio de 2011

Contrastes de un universo aparte

Fue un fin de semana atípico para el mundo del fútbol. Mientras el universo de los promedios, la nostálgica despedida de un mito viviente  y el desenlace de un torneo perfecto en Liniers enmarcaban una jornada especial, mi cabeza, mi subconsciente, vinculaba dos extrañas realidades. Por un lado, un arcaico símbolo de lo imposible: ningún equipo argentino logró consagrarse en un mismo semestre en el torneo local y la Copa Libertadores; por otro, una realidad de ensueños: un goleador que logró traspasar cualquier frontera de lo inalcanzable. Dos episodios antagónicos que realzan el valor del juego, de la vida y obviamente del fútbol.

El poder de la mente, dicen, es más fuerte que cualquiera. Así me pasó en los últimos días. Como buen fanático del fútbol y sobre todo del buen juego, me encariñé con un Vélez que revalidó ese tumor maligno que parecía estar afectando al viejo y prestigioso estilo argentino. Sólo me bastó un par de actuaciones para pensar en que el conjunto de Liniers podía ser el primero; sí, el único que pudiera consagrarse en el local y en la Libertadores de manera adyacente. Ni aquel Ñewell's de Bielsa al que un penal lo dejó sin la proeza, ni el inexpugnable Boca de Bianchi, ni este Vélez, modelo institucional, pudieron romper con la tradición. Doce pasos, un pelado lunático y la moneda de la suerte que esta vez cayó del otro lado del río. Suficientes motivos para continuar con el infinito impedimento.

Del otro lado, como un oposición que el destino cada tanto se encarga de implantar, estaba la despedida de Martín Palermo. Promovedor de utopías, homicida de imposibles, el goleador boquense le dijo adiós a La Bombonera en medio de un marco conmovedor.

Como dos polos opuestos que en el algún punto del espacio se cruzan, la cronología del fútbol argentino interpuso su historia con la de Palermo. Lo imposible frente a lo que parece imposible. La leyenda contra el tabú. El mito ante la triste realidad de lo que nunca pudo ser. Fue un fin de semana atípico para mí. La vida me demostró que lo imposible y lo posible residen en un mismo mundo. El mundo de la pelota.

viernes, 10 de junio de 2011

Bielsa y una catarata de ideales vinculados al periodismo


Las pirañas del mercado comunicacional están constantemente al acecho, ansiando que una nueva figura caiga en las redes del imperialismo. Mientras tanto, millares de medios se bambolean entre las necesidades del comercio y un estoico amor por la tarea. Allí está Marcelo Bielsa, esquivando las zancadillas del poder, revalidando el ya descuidado espíritu amateur. Los multimedios poderosos padecen la nula exclusividad, mientras que millares de otras vías, menos comercializadas pero no por eso menos cautivadoras, agradecen el respeto.
Cuando el fútbol era fútbol por su propia esencia y no por una contaminada moneda en el medio, Bielsa entendió que cada medio de comunicación -masificado o no- tenía el derecho a disfrutar de sus entrevistas y así fue, hasta que su superlativa reputación acabó con esa singularidad y concluyó con la ley pareja para todos: conferencias de prensa sin vetos ni duración acotada.



"¿Por qué le voy a dar una entrevista a un tipo poderoso y se la voy a negar a un pequeño reportero de provincias? ¿Por qué voy a acudir a una emisora líder cada vez que me llame y en cambio jamás a una pequeña radio del interior? ¿Cuál es el criterio para hacer una cosa así? ¿Mi propio interés? Eso es ventajismo". Las palabras del prestigioso entrenador representan una concepción idealista y veraz. Cuando muchos se resignan ante las dificultades de sus principios y acaban por desecharlos, unos pocos asumen la faena y se introducen en esa fina línea que separa a los fieles de los locos. Bielsa ocupa ese acotado grupo; la coherencia entre lo que piensa y lo que hace lo diferencia del resto.


Fiel a un estilo con el que se siente identificado, Jósep Guardiola, entrenador del FC Barcelona, decidió implantar en su camino los consejos del ex seleccionador argentino. Ni bien se hizo cargo de la primera división del equipo catalán, supo aventajar a tiempo a una cultura mundial de preferencia a lo supremo. Al igual que su par argentino, acabó con las entrevistas individuales y se dedicó plenamente a las conferencias, de ilimitado período de tiempo.

Criminal de mediocres, demente por el trabajo y prisionero de una cultura vacua. Bielsa también dejó su huella en el periodismo. No es un loco. Apenas un rosarino que apoya sus ideales.

miércoles, 8 de junio de 2011

Mohamed, el único capaz de ponderar el corazón

Hubo un día en el que el fanatismo rebasó al propio fútbol. La pelota picó una y otra vez, los segundos en el corazón del área se hicieron eternos y un pase intrascendente concluyó la cuestión. Boca y Huracán se enfrentaron en la Bombonera, mientras un desfachatado delantero, plagado de contradicciones, se dirimía entre un gol trascendental y un amor sin fronteras. El sentimiento pudo más y Antonio Mohamed descubrió aquel 27 de octubre de 1991 las fronteras que estaba dispuesto a exceder por adoración a su equipo. Hoy, el destino se la vuelve a dejar picando, del otro lado está su querido Huracán, con el suplicio del descenso golpeando la puerta.

A veces, el destino compone imprevistos que ni el mejor argumentista pensaría en ejecutar.  Así sucede con el Turco Mohamed quien, a dos décadas de aquel legendario episodio, vuelve a llenarse de dicotomías que ni el propio fútbol podrá solucionar. “Me gustaría irme del país por dos horas”, aseguró el entrenador de Independiente, quien en la última fecha enfrentará al Globo de sus amores, determinando la ubicación final del conjunto de Parque Patricios: descenso directo o promoción, ésa es la cuestión.

“Quién me va a hablar a mí de lealtad por Huracán, si nunca te quedó picando en la Bombonera y la tocaste para atrás”, así justificaba Mohamed su trunca definición jugando para Boca. La pelota bollaba, un arquero rendido que miraba absorto y un turco desorientado por la neblina de sus sentimientos daba un pase irrelevante, hacia Diego Latorre, que terminaba en despeje. Un 1 a 1 final disimuló la picardía.

En dos semanas, el Huracán de Roberto Pompei, atormentado por el precipicio del descenso, podría encaminarse directamente a la B Nacional, si es derrotado por Independiente. Dos décadas atrás, Mohamed, desde adentro, mitigó el dolor; hoy, desde afuera, parece más difícil: lograr que el fanatismo supere al propio fútbol aparenta ser posible una sola vez en la vida. Veremos.  

  

lunes, 6 de junio de 2011

Cultura de un estilo cortoplacista

La Real Academia Española define a un proyecto como un plan o esquema que se realiza para precisar cualquier trabajo antes de darle forma definitiva. La explicación no deja margen a la duda. Puntualizar axiomas básicos que, a pesar de la variación de detalles con el pasar del tiempo,  serán quienes rijan durante el lapso del proceso. Allí, donde el boceto es tan fundamental como los cimientos de un edificio,  es la etapa por la que atraviesa el seleccionado argentino. Más allá de la eventualidad de los resultados, el esquema básico parece dirigirse por el camino equivocado.

Mientras la hipnosis barcelonista todavía presenta secuelas, el fútbol vivió el último fin de semana una fecha FIFA con selecciones de desiguales anhelos. Entre la presión de los clubes y la ambición de los seleccionadores, decenas de equipos  protagonizaron la jornada, con procederes tan identificables como manifiestos.

Entre esa brecha superlativa que distancia a los que prueban individualidades de los que ensayan modelos de juego, se encuentra la Argentina de Sergio Batista. Muy cuestionada, martirizada por el slogan “selección para todos” que acapara a jugadores de segundo nivel, el conjunto nacional brilló por su ausencia. No solamente la de los jugadores de jerarquía, también la de una identidad que fundamente una manera de jugar y de triunfar.

Extasiado por el anonimato de ciertos jugadores, muchos hinchas del fútbol nacional excedieron al estilo de juego. Transiciones tardías, truncados carriles de circulación, inoportunos repliegues e ineficiente métodos ofensivos enmarcaron a un combinado que evidenciaba un estéril trabajo en el campo.

A menos de un mes de la Copa América, la Argentina todavía no presenta ni un modelo de juego ni un racimo de nombres evidente que marquen una cohesión con lo que anhela su entrenador. Se precisa cautela, sobre todo cuando la bienaventuranza  de algunos buenos resultados disimulen, como en el último mundial, la fluidez de un modelo patente.

Nuevamente, por enésima vez, observar a un equipo albiceleste en estas condiciones rememora las palabras que marcaron el inicio de la era Batista: “voy a intentar jugar como el Barcelona”. De intentar a lograrlo hay un lógico primer paso: emprender un proyecto coherente.


María Elena Walsh y un presente perfumado por antagonismos

“Vamos a ver cómo es el reino del revés”, propone María Elena Walsh en su afamada canción. A escasas dos fechas del final del torneo local, el fútbol argentino atraviesa un discontinuo presente, donde la irregularidad es protagonista y la disputa por el título una extraña casualidad. Vamos a ver cómo es.

En el reino del revés, un entregado Caruso Lombardi vaticinó un infalible descenso y propuso jugar con juveniles en sus últimas presentaciones. Mientras tanto, un globo casi sin aire, a dos fechas del abismo, juega sin gente, gana y se eleva.

En el mundo del revés, un título tan desértico como apasionante postula a la consagración a un puñado de candidatos sin identidad. Entre ellos, un sumiso Boca sobrevuela a 4 puntos del líder y un contradictorio Olimpo mira la punta por el espejo retrovisor. Vamos a ver cómo es.

 Un diablo vestido de rojo percibe el doble filo de un tridente peligroso. Entre el precipicio del descenso y la cumbre de la coronación parece haber nada más que un paso. En el reino del  revés queda más que demostrado.

A dos encuentros del veredicto final, River se angustia ante una bomba de tiempo que sólo Olimpo puede desactivar, sacrificando su propia subsistencia.

Entre tantas contradicciones, el Vélez de Gareca presenta un modelo de juego sólido promovido por una magnífica gestión y fundamentado por la abundancia de recursos. Eliminado injustamente de la Copa Libertadores, domina el torneo local con sólo un objetivo en mente: mantenerse siempre alejado del reino propuesto por María Elena Walsh.