viernes, 13 de mayo de 2011

Zanetti y la excelencia de la siembra y la cosecha

 Las noches de concentración muestran a un veterano que sobresale del resto por su constante algarabía. Sincero, cordial, espontaneo, amable. Todos los adjetivos detallan a la perfección a Javier Zanetti. Un jugador que hoy ingresa a un reducido grupo; el de unos pocos que tuvieron la suerte de llegar a los 1000 partidos como profesional. ¿Suerte? No. Disciplina dentro y fuera de la cancha, respeto, capacidad de liderazgo, persistente laboriosidad y cientos de detalles que, a largo plazo, suman mucho más que mil.

El difícil mundo del fútbol presenta mucho más de mil ambiciones que llevan a la debacle. La fama promulga ese camino oscuro y con fecha de vencimiento inmediata. Allí, con menos de 20 años, el Pupi Zanetti empezó a forjar los majestuosos mil partidos como profesional que más tarde lograría rebasar. ¿De qué manera se logra eso? Siendo simplemente un juvenil, el actual capitán del Inter se cuidaba como si fuera un veterano. El joven predecía que comiendo sano, durmiendo las horas suficientes y trabajando lo necesario haría la diferencia para entrar al acotado clan de los premiados por los diez centenares de encuentros.

Talleres (RE), Banfield, Inter y la selección argentina. “Yo quiero tener un millón de amigos”, dice Roberto Carlos en su letra, Zanetti sin dudas que lo logró. La misma constancia de siempre, el respeto infranqueable hacia sus pares y, nuevamente, una disciplina que genera idolatría. Mil alegrías apoyadas en 19 años de carrera, decenas de goles y cuantiosos campeonatos; algunas penurias fundadas por dolorosas ausencias en los dos últimos mundiales o por resultados adversos que siempre dejan un gusto amargo.  

Un estilo patente que evidencia su dedicación también adentro del campo. El surco por la banda derecha se convirtió en una loable costumbre. “El tractorcito” lo bautizaron sus compañeros. Su constante dinamismo en el verde césped no permite otro sobrenombre. Mil relevos, mil ajustes, mil ofensivas y de vez en cuando algún gol.

La Fundación Pupi le puso el broche de oro a una carrera que todavía le quedan varios giros. El contrato hasta el 2013 con el Inter y la confirmación para la próxima Copa América lo pronostican: todavía hay Zanetti para rato. El mil, simplemente una pausa para ratificar a un capitán de la vida. Felicitaciones Pupi, tu siembra durante casi dos décadas fue estupenda; tu cosecha será inter,minable. 

martes, 10 de mayo de 2011

El Manchester y una misión que parece posible


En tiempos donde el mundo del fútbol atesora a un equipo de ensueños, el Manchester United de Alex Ferguson se enfrenta a un Barcelona inexpugnable por la consagración del mejor equipo del fútbol europeo. La ilusión es inevitable. La copa de la Liga de Campeones se ve a la vuelta de la esquina; sin embargo enfrentarse al equipo de Guardiola parece misión imposible ¿Hay manera de vencerlo sin modificar el estilo propio? Los diablos rojos certifican razones suficientes. Wembley espera deseoso.

El modelo de juego del Manchester United parece evidente. Los carriles de circulación se ven alimentados por la técnica prodigiosa de todos sus hombres. Con una inteligencia admirable, el equipo inglés sabe claramente cuándo estimular la vertiginosidad en el ataque y cuándo limitarse simplemente a hacer posesión. Tiene los recursos para ambas situaciones. La laboriosidad de Ferguson explota todas estas virtudes ofensivas.

Sin embargo, más allá del gran funcionamiento, el equipo de Guardiola ha demostrado en incontables ocasiones su predominio ante estilos de juego bien acondicionados, como el de la escuadra roja. Entonces, ¿De qué manera puede el Manchester United imponerse ante la excelencia española? La máxima ambición pasa por dominar con el modelo patente del equipo  por encima del método rival. Con el Barcelona parece una utopía. La única fórmula aparenta estar robándole la tenencia de la pelota. Sí, ya sé, nuevamente misión imposible. Constante movilidad, precisión perfecta, pases filtrados, ocupación racional de los espacios, axiomas determinantes para lograr con el cometido.

Una de los grandes principios del barça con la posesión pasa por saturar en el juego interior, para luego romper esquemas con puñales por las bandas, que casi siempre terminan en peligrosas situaciones de gol. Todo lo contrario a lo que hace el resto de los equipos, que utilizan el eje de cancha como un rápido proceso de transición y no como una ardua producción de ofensivas. Por eso, el conjunto español aleja a todas las defensas del libreto original: ser compactos y cerrados. Parece una locura, pero lo que en todos los equipos es un concepto básico, contra el Barcelona pasa a ser pecado. Ya que al tener una defensa cerrada, los alfiles por las bandas (delanteros, volantes o laterales) terminan haciéndose un verdadero picnic. Por más que los mediocampistas o los propios hombres del ataque colaboren en defensa, la superioridad de los catalanes siempre termina prevaleciendo si la defensa continúa cerrada. Por eso, en defensa, no hay más opción que evitar el pase interior y ejercer una presión prudente. Sí, otra vez, misión imposible.

El Manchester de Alex Ferguson tiene las armas necesarias para coronarse en el templo inglés. Una solidez defensiva admirable, tremenda efectividad goleadora, copiosa experiencia en partidos decisivos y un funcionamiento que, hasta hoy, no tuvo disputa. El 28 de mayo se acerca. El favorito es indiscutible. Pero, para los diablos rojos, no parece haber misión imposible.


viernes, 6 de mayo de 2011

A la meca del fútbol con un estilo patente

Salir jugando desde el fondo pudo haber sido en algún momento una fatalidad que lleve al destierro de Wembley.
La cultura del juego asociado es mucho más que un estilo eficiente para el Barcelona de Guardiola. Los carriles de juego no se aceitan simplemente de mitad de cancha en adelante. No importa el rival, las condiciones, ni el resultado; defensores y arquero tienen la obligación de ser parte de la progresión mediante pases. En el encuentro frente al Real Madrid quedó más que claro.

Un 2 a 0 a favor en el global que no exigía correr riesgos. Una lluvia torrencial que parecía perjudicar al mejor sistema del mundo. Una polémica semifinal de Champions que simbolizaba la gloria máxima. Ahí estaban los de azul y rojo, refutando en el verde césped el famoso mito que garantiza que con lluvia no se puede jugar bien. Arriesgando, como de costumbre, logró forjar una jugada que personificó el arte conceptual.

En un contexto victorioso, y en condiciones inhóspitas, el clan Guardiola demostró una vez más su cultura heterodoxa. El gol que Pedro se encargó de decretar  fue un tejido invisible que los defensores y el propio arquero se ocuparon de hilar. Riesgosos y osados la primera línea del barça también tiene la personalidad de progreso mediante el pase arraigada en la esencia.

 Todos juegan, todos marcan, todos corren. La sincronía se asemeja a la perfección. Cuando todo parecía uniforme, el Real Madrid sorprendió con el 1 a 1. La gestación del gol devino del juego audaz que presentan los catalanes; una vez más el Barcelona comenzó a entrelazar esa red impalpable de pases filtrados y descompresiones; otra vez la emprendió muy cerca de su arco, pero en esta ocasión uno de los pases falló y la eficacia merengue sentenció el empate. Por un pequeño lapso pudo haber un temor por desaprovechar el acceso a la final de la Copa de Campeones en Wembley, Inglaterra.

Nunca hubo un titubeo. A pesar de que los merengues se pusieran a dos goles del pase a la final, el Barcelona siguió exhibiendo su eterna formación. Lluvia, rival y resultado no fueron impedimentos para renunciar a un concepto patente. El estilo siempre se mantuvo. La suspicacia ante el error parece mala palabra en el diccionario catalán. Allí está la fórmula. Devoción a un modelo de juego de ensueños. No alterar la ideología a pesar de un error. Y, sin excepciones, salir jugando desde el fondo, la única forma de llegar a la meca del fútbol: Wembley.

Gestación del gol de Barcelona desde el origen

Error en el pase y gol del Real Madrid

martes, 3 de mayo de 2011

Una maquinita llamada Vélez Sarsfield

Las frías tardes otoñales del fútbol argentino presentan un matiz evidente. Son 19 equipos que, urgidos por la necesidad de los resultados, intentan fallidamente jugar un fútbol vistoso y eficaz, pero se ven damnificados por la lógica irregularidad que de manera insólita se presenta todos los fines de semana en alguna cancha del fútbol local. Ante tantas crueles certezas, hay un equipo que excede a la cruda realidad. El Vélez de Ricardo Gareca unifica a la perfección eficiencia con buen fútbol.

Un combo que parece estupendo. La eficiencia se manifiesta claramente en las circunstancias actuales por las que atraviesa el equipo de Liniers. Único puntero en el torneo local, mostrando partido a partido solidez y excelencia. Férreo en la Copa Libertadores; de menor a mayor, sacando chapa de candidato en los encuentros claves, el conjunto de Gareca se encuentra en una inmejorable posición con un 3-0 frente a Liga de Quito con sensación de sentencia.

El buen fútbol parece un trámite para el equipo de Liniers. La importancia de los resultados, los colosales escenarios y el prestigio de los rivales no parecen ser impedimentos para afectar a un modelo de juego plagado de variantes. Vélez supo encontrar a la perfección una relación ideal entre vertiginosidad y posesión. Tiene los jugadores más adecuados para adaptarse a ambos estilos. Además, logró un admirable equilibrio defensivo que, sumado a la efectividad de sus delanteros, parece una fórmula letal.

En tiempos donde la Argentina carece de buen fútbol, ¿Por dónde pasa el éxito velezano? ¿Acaso Gareca encontró los jugadores más oportunos? ¿O bien el proyecto a largo plazo al que apostó Vélez es una siembra de cosecha ilimitada? Todo parece  indicar que los riesgos que corrió el club de Liniers al mantener por tanto tiempo a un mismo entrenador es determinante en el éxito presente.

Las frías tardes otoñales pasan desapercibidas cuando el equipo velezano da pinceladas de estética sublime en el verde césped. Un sueño con indicios alucinógenos se esparce por Liniers: la posibilidad de la doble corona (Copa Libertadores y Torneo Clausura) empieza a ser una ambición. El destino sentenciará la cuestión; mientras tanto, la maquinita de Ricardo Gareca, que a principio de año parecía quedarse sin combustible,  continúa a paso firme.
  

lunes, 2 de mayo de 2011

El fútbol, una excusa entre el chupete y la fama

"La vida por el fútbol”. Concepto recurrente que muchos fanáticos emplean, simbolizando su persistente lucha por triunfar en lo que aman. Incansables. Estoicos en una lucha que tiene como anhelo principal llegar a primera división.  Confundidos por la influencia paternal y por la refulgencia de los flashes, pequeños talentos emprenden un camino repleto de sueños sin ninguna certeza futura, pero con varias posibilidades de tropiezo; la algarabía del éxito frente al suplicio del fracaso.
                                       
Nikon Jevtic es un joven serbio nacido en 1993. Su niñez no trasciende bajo los parámetros normales de un jardín de infantes, un cumpleaños repleto de amigos o una piyamada grupal. Su corta e intensa biografía estuvo acotada a una única y fascinante pasión: la pelota. Su hermano Néstor, dos décadas mayor que él, advirtió desde muy chiquito sus cualidades en el fútbol. Y, con tan sólo 4 años, lo inició en la vehemencia de agobiantes entrenamientos diarios con el único objetivo de trascender como crack en las grandes ligas europeas.

El chico fue creciendo, entre la cruda realidad de no conocer un aula y la incesante pasión que estimulaba periódicamente con su hermano. Con menos de diez años, ya había formado parte de la cantera del Arsenal de Inglaterra, el West Ham, Austria de Viena, el Stuttgart alemán y el Valencia de España. Su biografía siempre tuvo un entorno mediático.

El joven reencarnó día a día una laboriosidad propia de un adulto responsable. No solamente se encargaba de progresar técnicamente con la pelota bajo el mando de su hermano, también entrenaba con su equipo y, en los tiempos libres, estudiaba inglés, alemán y serbocroata con su hermana Milly.

Con una técnica prodigiosa y una pegada sublime, Nikon siguió dando que hablar. A los 13 años firmó un contrato opulento con el Shalcke 04, para decepción de Bayern Munich y PSV Eindoven, quienes también se disputaban la contratación del menor.

Toda su vida marcha bajo la realidad ambigua que limita el derecho de los niños ¿Era consiente a los 4 años de la difícil decisión de no ir a la escuela? Su historia está repleta de estas situaciones: decisiones que los mayores se encargaron de tomar por él, de las cuales hoy el joven está totalmente agradecido.

En este contexto, Nikon Jevtic, actualmente con 17 años, defiende los colores de la sub 18 del FK Austria Wien. Dicen algunos eruditos que el éxito pasa por la íntima satisfacción lograda al saber que se hizo lo mejor que se pudo, es decir por dar el máximo. Tal vez para este joven el éxito pase por otro lado; pero hay dos cosas de las cuales debe estar seguro: dio el máximo desde que nació, y, más allá de todo, dio la vida por el fútbol.



viernes, 29 de abril de 2011

La leyenda del fútbol que nunca muere

La cautivadora cronología del fútbol mundial fue mutando a través de los años. En la década del ’70, una concepción opuesta a la habitual sucumbió en el núcleo europeo. Rinus Michels impulsó en el Ajax de Holanda un estilo de juego prodigioso e innovador; ése mismo modelo tuvo su cumbre en la Naranja Mecánica del ’74. Hoy, a casi cuatro décadas, la leyenda tiene un fiel militante que se encarga de mantenerla presente.

Un fenómeno de velocidad, técnica, precisión y orden táctico se percibe en el video. No, no es el barça; el equipo holandés subcampeón del mundo del 1974 transmitía todo eso. Las similitudes conmueven. La ideología parece casi calcada. El pressing constante,  el juego asociado, una misma cultura que identifica y asemeja a estos dos descomunales equipos.

Jongbloed; Suurbier, Rysbergen y Krol; Neeskens, Haan, Jansen, Van Hanegen y Cruyff; Rensenbrink y Rep, formaba Holanda. El 3-3-2-2 con el que arrancaba, duraba lo mismo que tardaba la pelota en dar un giro sobre sí misma. La Naranja Mecánica era su denominación. Era ambiguo. Por un lado, un estilo de juego automatizado e innato se exhibía cada vez que los holandeses entraban al campo. Pero, por otra parte, la espontaneidad era la esencia del sistema. Nunca se sabía en qué posición aparecería cada jugador. Como en el famoso picado del campito, por momentos Cruyff aparecía de lateral y Krol se iba de delantero. Lo mecánico quedaba a un lado; los naranjas eran un sinfín de sorpresas.

El Barcelona no suele variar la ubicación de sus hombres en el transcurso de un partido. Pero sí se asemejan en la peculiaridad de que todos los jugadores se pueden desempeñar en cualquier puesto ¿O acaso Dani Alves no sería un gran punta? Todos rotan, todos juegan. El propio arquero tiene asumido un compromiso ofensivo. El pase en visión de progreso se vuelve el objetivo primordial y la recuperación del balón un suceso inminente a la pérdida.

No importa la trascendencia del partido, el rival en cuestión y mucho menos los titánicos escenarios, el barça demuestra en cada encuentro ser un discípulo revolucionario fiel. Y, más allá de las dificultades que surgen, logra mantener con vigencia la leyenda del ‘74.


miércoles, 27 de abril de 2011

Retrato de un entrenador eterno

“Todo pasa” aseguran Los Piojos en su afamada canción. La cuestión es sencilla, la cronología deja en evidencia que en la vida -y en el fútbol- todo cumple su ciclo. Sin embargo, siempre existe la excepción a la regla. Siempre hay alguien que se centra en el foco de la discusión por ser el distinto. “Los ciclos siempre caducan”, sostiene la mayoría. Alex Ferguson parece ser la excepción. En el mundo de lo inminente, la persistencia del entrenador del Mánchester United parece nociva.

Medio siglo ha pasado desde que Alex se apoderó del banco rojo. El contexto era muy distinto: las comunicaciones ocupaban un papel secundario y el fútbol estaba desligado del complejo mundo mediático. El paso del tiempo fue dándole a Ferguson un perfil de sigiloso y erudito. Pero obviamente, en aquel entonces también disponían los resultados.  Cuatro caóticos años pasó el DT al frente del equipo inglés sin conseguir ningún título. La institución tuvo cautela; no se dejó llevar por el mundo de lo inmediato. El tiempo le terminaría dando la razón.

En 1990 llegó la primera copa. La FA Cup fue el génesis de una cosecha que parece no tener fin. Excepto en el 2005, el Manchester de Ferguson siempre ganó títulos. Las once Premier League,  dos Champions League, cinco FA Cup y decenas de títulos más, le dieron al entrenador la tranquilidad necesaria para perdurar en su hábitat natural: el Old Trafford.

La historia se percibe como una utopía para los entrenadores, en tiempos donde la relevancia de escasos resultados se vuelve determinante. La formación de lo perecedero parece invariable. Los mismos técnicos son consientes de que la perdurabilidad depende solamente de los resultados; por más que por momentos se quiera inculcar otra cosa.  “Cumplí un ciclo”, asevera la mayoría de los entrenadores, tras una etapa exitosa y una catarata de malos resultados que acaban con el proceso. 

Bajo una manifestación al buen fútbol, el Mánchester de Ferguson venció al Shalcke 04 por la primera semifinal de la Champions League. El fútbol sigue su rumbo, el conjunto inglés continúa hace más de dos décadas entre los mejores del mundo y Alex Ferguson justifica año a año que su ciclo no se cumple, y que el rótulo de Los Piojos no condice con su concepción

lunes, 25 de abril de 2011

La sinagoga del fútbol hace escala en el Santiago Bernabéu


"Un escritor, cuando se desempeña también en periodismo, debe hacer un delicado equilibrio entre la pura información y el ejercicio del estilo. Con el paso del tiempo lo que queda es el estilo: los artículos de Roberto Arlt y de Rodolfo Walsh tenían eso, y aún hoy se los lee con placer"-Osvaldo Soriano.

El fascinante mundo que rodea a la pelota atraviesa una etapa totalmente inusual. El clásico Real Madrid-Barcelona ha revolucionado todo; incluido al propio fútbol.  Dos entrenadores antagónicos que rozan la perfección, innovaciones que marcan tendencia y un nuevo encuentro en el estadio del Real Madrid fusionado por la guerra de estilos.

Si hay algo que ratificó la final de la Copa del Rey fue la oposición de dos modelos de juego distintos ejecutados prácticamente en la excelencia misma. El Barcelona ya no sorprende. Los nombres quedan al margen, la relevancia del encuentro pasa a un segundo plano; el prototipo parece calcado por el mejor dibujante partido a partido.

El Real Madrid, por su parte,  logró reencarnar un arcaico dicho popular: “brilló por su ausencia”. Sí, la pelota. El equipo de Mourinho sucumbió en su máximo esplendor, en los primeros 45 minutos, presionando en todos los sectores del campo de juego. Una coreografía colectiva perfecta que se trasladaba como un cardumen en el mar se exhibió en la primera etapa de la final en Valencia. Interceptando y arribando al arco de Pinto en fracciones de segundos. El contexto exhibía una extraña sensación donde el fútbol se percibía como atractivo, sin embargo la pelota quedaba en un segundo plano.

Mourinho entendió con certezas que es imposible comprimir con tal nivel de intensidad durante los 90 minutos. Por eso, en la segunda mitad, la postal cambió radicalmente. El Barcelona se adueñó de la posesión y los merengues efectuaron un repliegue total. A pesar de los infinitos carriles de juegos, el Barça no pudo quebrar el cero. El intrincado tiempo extra prolongó el antagonismo. Y, tras negarle un pase filtrado a Messi en la mitad de la cancha, el conjunto merengue intervino con su habitual vertiginosidad, y la capacidad de Cristiano Ronaldo hizo el resto. La segunda batalla quedó para el Madrid.

 El miércoles el templo del fútbol cambiará de escenario; esta vez se trasladará al Santiago Bernabéu.  Un nuevo desafío reunirá al mundo futbolero, en otra seductora disputa de modelos. Como a Walsh y Arlt, a pesar de los años, los partidos entre estos grandes equipos se seguirán rememorando; porque más allá del resultado, como bien dijo Soriano, lo que queda son los estilos. 

martes, 19 de abril de 2011

Cultura del juego asociado vs formación individual

El contraste entre el funcionamiento de los equipos argentinos y los europeos es desmesurado.  La correspondencia entre los procesos de formación y el arribo a primera siempre se mantiene dentro de los parámetros lógicos. Por lo tanto, difícilmente la cultura del juego asociado se exhiba en la categoría superior, cuando desde las divisiones inferiores generalmente se apunta a explotar la técnica individual desde la conducción y la gambeta; inversamente proporcional a lo que se suele realizar del otro lado del océano.

El infinito esfuerzo por encontrar una identidad futbolística peculiar se ve totalmente influenciado por las etapas de aprendizaje.  Todo lo cambia; incluido en la visión de un partido del fútbol europeo se puede percibir mucho más fácil la disposición táctica de un equipo que en un encuentro del fútbol argentino.  Los repliegues se advierten de manera sencilla, el pressing constante también y las pretensiones con la posesión del balón son evidentes.

En el fútbol argentino, en cambio, la irregularidad domina la escena. Es mucho más complejo intuir el propósito de los equipos. Y, generalmente, la heterodoxa autonomía triunfa ante una idea colectiva que etiquete una identidad. Por lo tanto, ante una manera individualista de desempeñarse, cuando aparecen destellos de juego asociado se valoran el doble.

Esta corriente europea futbolística de protagonismo y dominio comenzó en la década del ’70, con el Ajax como intérprete y Rinus Michels como el principal impulsor.  El club holandés desarrolló una misma ideología desde la categoría más chica hasta la primera división. Y así, a lo largo de los años, se encontró con una cantera homogénea que llegaba a primera división con un mismo estilo de juego: progreso mediante el juego asociado.

Fueron pasando décadas y el matiz entre Argentina y Europa sigue siendo el mismo: cultura del juego asociado vs formación individual. El tiempo pasa y la selección argentina sigue sin obtener títulos. Seguramente este dilema no tiene relación alguna con las frustraciones nacionales de las últimas dos décadas ¿o sí?

                   

viernes, 15 de abril de 2011

El Shalke 04, un candidato silencioso

Mientras la escena principal en el mundo futbolístico se posa en la semifinal de la Champions que disputarán Barcelona y Real Madrid, hay un equipo que sin alardear se infiltró en la mesa chica. La historia se hace a un lado, cuando la eficiencia de un sistema promueve los buenos resultados. El Shalke 04 de eso sabe, y mucho. Su casi nula cronología en la Liga de Campeones y su anónima aparición entre los mejores de Europa no fueron suficientes para acobardar a un equipo que, sin experiencia, plasmó un modelo de juego vigoroso y rentable.

Un prototipo eficiente desde el génesis suponía en los alemanes a un equipo con proyección. Sin embargo, se sabe de antemano que  los despiadados play offs de la UEFA Champions League suelen favorecer injusticias. Pero el Shalke siempre se mantuvo al margen. Sin problemas para clasificarse puntero en una zona de grupos compleja, con el Lyon y Benfica como principales candidatos. Con prudencia, despachó al poderoso Valencia en los octavos de final. Y, con dos actuaciones impecables, goleó al Inter de Milán en los cuartos, sucumbiendo ante todos los pronósticos, que aseguraban al equipo italiano entre los cuatro mejores.

Vertiginosidad, cautela en los momentos difíciles, total eficiencia en los relevos, algunos de los axiomas básicos que identifican al equipo alemán. El sistema no es vulnerable ante la supremacía de los grandes conjuntos europeos, tampoco frente a los estrepitosos escenarios que decoran las etapas finales de la Champions. Ya lo demostró con el Inter, el modelo de juego no se ve afectado por nada.

El Shalke se percibe, entre los cuatro equipos finalistas, como el más debilitado para la prensa mundial. Seguramente el prestigioso plantel del Real Madrid, la hegemonía en el modelo del Barça o la asidua presencia del Manchester en etapas decisivas funcionan como espejismo al momento de calificar  estilos de juego; y, frente a mayúsculos rivales,  el conjunto alemán se intuye endeble.

Posiblemente la exigua participación en la Liga de Campeones condene al Shalke a ser  rotulado de infiltrado en la mesa chica. Ni el experimentado Metzelder, el equilibrio de Papadopulus, la sublime verticalidad de Jurado y Farfán, ni el mito viviente de Raúl son suficientes para contrarrestar la excentricidad de los otros tres finalistas. Sin embargo, con una identidad patente basada en certezas y argumentada por un sistema eficiente,  el equipo alemán, sigiloso, va por la hazaña mayor.

miércoles, 13 de abril de 2011

El mundo leproso fusionado por un mito viviente

Dichosas las generaciones que aquel 22 de diciembre del 2009 se emocionaban al unísono por una misma causa. Abuelo, padre e hijo dialogaban eufóricos sobre ese equipo de gladiadores y su entrenador que en 1990 transitó por toda América hambriento de gloria. El estadio cambiaba de nombre y todos estaban allí por una misma razón. Devoción para un ser que demostró durante toda una vida que Newell’s Old Boys de Rosario lo era simplemente todo. Reverencia para un hincha que supo, desde su locura en el oficio, llevar al leproso al primer plano continental durante su paso. Marcelo Bielsa, ése 22 de diciembre -el loco, como no podía ser de otra manera-, dejó de ser un emblema en la vida de Newell’s, para transformarse en un mito viviente.

Ese mismo 22 de diciembre, pero 19 años antes, el escenario era otro; la cancha auxiliar del estadio de Ferro se transformó por un momento en santuario. Un hombro recio caminaba solitario, como un león enjaulado, rezando por lo bajo, escapándole a tanta ansiedad. Los seis minutos de diferencia entre el partido que Newell’s había disputado ante Ferro y el encuentro que jugaban San Lorenzo y River lo adjudicaban todo. Un gol del equipo millonario dejaba a los rosarinos sin título y al hombre recio sin motivos por los cuales seguir viviendo. La radio portátil del ayudante de campo Carlos Picerni envió una última señal y el estadio explotó de satisfacción. El equipo leproso era campeón. A lo lejos aparecía el hombre que de recio ya no le quedaba nada. Se fundía en un abrazo con todos y cada uno como un hincha más. Con los ojos de cristal, debelaba una consagración histórica. Y, con una expresión conmovedora, exclamó un grito que pasó a formar parte de la inmortalidad, de cientos de banderas, de un símbolo que sintetiza la historia del equipo leproso: “¡Newell’s carajo, Newell's!”.

Apasionado en el oficio, con una coherencia admirable entre lo que dice y lo que hace, Bielsa es un asiduo promovedor de los sentimientos. Así lo dejó demostrado en una conferencia en Chile donde le preguntaron si alguna vez se podría esperar en él una reacción como aquella en Rosario, donde se lo vio tan eufórico; con un sutil gesto de melancolía, respondió con su habitual sinceridad: “difícilmente quiera a otra camiseta como quiero a la de Newell’s”.

La mirada, vigorosa, se mantuvo inalterable desde la niñez. Desde el mismísimo día en que, cuando todavía era un púber, le comunicaba a su familia que se iba a vivir a la pensión del club. La misma mirada inmutable que con 24 años y pocos partidos en primera anunciaba su retiro del fútbol. Los mismos ojos se mantuvieron intactos cuando ante ochenta mil personas, en el estadio Morumbí, los corajudos hombres de rojo y negro fueron derrotados por penales en la final de la Copa Libertadores ante el San Pablo, bisagra en la historia del club. Las pupilas nunca se dilataron por más que su ciclo como entrenador leproso denotó fecha de vencimiento o su regreso al banco del Coloso, esta vez al visitante, como DT de Vélez, exhibió una extraña sensación.

La posibilidad de que Marcelo Bielsa volviera a la escuadra rosarina, en los últimos días, mantuvo en vela a todo un país futbolero. En Rosario, centenares de personas se movilizaron al Monumento a la Bandera y a la propia casa del astro. En Buenos Aires, también un puñado de fanáticos apoyó la cuestión marchando al obelisco. Sin embargo, en la tarde de ayer el presidente del club entregaba un comunicado que manifestaba la respuesta negativa de entrenador.

Desconsuelo, angustia, desazón, todo se resumía en la respuesta del DT.  Las memorables generaciones soñaban con reencontrarse, una vez más, por una misma causa. Desilusionados deberán seguir esperando. Habrá que aguantar un tiempo más para rememorar aquel grito emblemático de las entrañas del loco; porque, como bien dijo el presidente de Newell’s Guillermo Llorente en el comunicado, “Marcelo, otra vez será”.


lunes, 11 de abril de 2011

Boca y un sinfín de detalles que pocos ven

"El problema es que vos lo estás mirando, y no lo podés ver”,  aseveraba alguna vez un erudito, demostrando que  en cuestiones elementales muchas veces el ser humano evade reglas esenciales del análisis, y cae en la argumentación inocente; ésa que tiene un disfraz de complejo, aunque en realidad rebasa de ingenuidad.

Boca Juniors se encuentra en el epicentro de una tormenta que parece no tener fin. La mayoría de los periodistas, rotundos y metódicos, insisten en que el sistema que utiliza Julio Falcioni es el principal culpable de la debacle. La racionalidad queda al margen. La carencia de lógica en el mensaje queda al descubierto, cuando se concluye en el absoluto de un sistema, dejando de lado el análisis de un sinfín de pormenores que intervienen en el estilo.

Boca no juega bien; es evidente. El 3-4-2-1 que plantea Falcioni es un mínimo detalle. Mucho menor aún el hecho de que, en la historia del equipo xeneize, la trilogía defensiva nunca haya triunfado. Los verdaderos puntos de cuestión se centran en la idea de juego que presenta. Confusa y anárquica, la metodología no descubre un excéntrico punto de inflexión. La defensa  presenta errores básicos que en cada jornada se traducen en goles rivales. El perturbado ataque no expresa un objetivo colectivo: ¿posesión? ¿juego aéreo? ¿contragolpe vertiginoso? Y el vacío de una intención común plasma en  números la carencia del tan necesitado juego de equipo.

Pero ante todos estos problemas, ¿A qué juega Boca? La abundancia de nombres no parece ser compatible con la militancia a un modelo homogéneo. Encontrar vías de circulación se presenta como un grave problema. Los carrileros pecan de recios. Los encargados de crear juego no filtran pases interiores. Los defensores exhiben gran incapacidad al momento de ejercer como continuadores en la posesión. El referente de área adolece de recursos en el juego preciso. La defensa y el ataque actúan como prácticas antagónicas y nunca en una misma escena. Las transiciones desbordan de lentitud. La ocupación racional de los espacios parece ignorarse. El uno contra uno es muy débil. Y, en un clima hostil, el conjunto de estrellas escasea de una identidad propia.

A pesar de los desaciertos colectivos, el Boca de Falcioni logró vencer a algunos rivales; y hasta se dio el lujo de estar a cinco puntos de la cima y aspirar a conseguirla. En un torneo donde la irregularidad funciona como denominador común y el buen juego como un electrocardiograma en marcha, Boca tuvo cierta eficacia. El prestigio de sus individualidades pudo disimular, por momentos, la falta de orden táctico del equipo. Y, con pinceladas de un artista postmoderno, Juan Román Riquelme le dio al conjunto boquense una cuota extra de oxígeno.

En este contexto, la farándula del fútbol critica el asunto, como si la cronología de un sistema podría determinar algo dentro del campo de juego. Los argumentos de un estilo sobrepasan a cualquier otro tipo de discusión.  Sin embargo, decenas de periodistas continúan en la senda del análisis ilógico. Y, asimismo, dejan en claro una única cuestión: aquel erudito tenía razón, el ambiente del fútbol está mirando el problema, pero sólo unos pocos se encargan de poder verlo.

lunes, 4 de abril de 2011

El único sistema que da lugar a la polémica

La línea de tres es un foco crucial de discusión en todas partes del mundo.  Cuando la receta parece inexistente y la demanda casi nula, el Nápoli de Italia demuestra que puede funcionar como un sistema eficiente y que los puntos débiles del estilo pueden quedar neutralizados ante un amplio conocimiento y un laborioso desempeño.

                A pesar de que varios eruditos en la materia ratifican una y otra vez que los sistemas no se discuten, hoy sí intentaremos refutarlo; procurando dejar en jaque a un modelo de juego que carece de discípulos y también de grandes conocedores vigentes.
                              
                Pero, ¿por qué la línea de tres tiene tan pocos pretendientes? ¿Es sólo porque la calamidad de las pelotas cruzadas hace a este modelo de juego una víctima por excelencia? Es cierto que es uno de los núcleos, pero no el principal.

                Marcelo Bielsa, un entrenador que prevalece el sistema por sobre los jugadores, es un fiel militante de la los tres en el fondo. No importa las características de sus hombres, él siempre creyó conveniente un juego basado en la verticalidad, influenciado por este modelo.     Y es que con tres defensores, generalmente, todo pasa por el juego vertiginoso. Esa particularidad que se disfraza de aliada principal a la hora de las rápidas transiciones, se convierte en el epicentro del problema cuando el “golpe por golpe” se hace frecuente.

                El eje problemático de la cuestión aparece al momento de descomprimir. Al evitarse el uso de laterales, la amplitud se vuelve un problema, por más que los extremos o los volantes por fuera de un atinado mediocampo con 4 hombres intenten suplir las carencias de los marcadores de punta. El desmarque de apoyo, función vital de los defensores laterales, se vuelve defectuoso. Y es ahí, cuando dilatar el juego debería ser esencial,  en donde el partido se convierte en un incesante  generador de precipitaciones.

                A todo esto, ¿Por qué el Nápoli de Walter Mazzarri es eficaz ante la utilización de este modelo? El equipo italiano entendió a la perfección cómo abortar los puntos débiles y explotar al máximo las virtudes del sistema. Los dos stoppers de la línea de tres son fundamentales. A la hora de atacar, pasan rápidamente a gravitar pegados a la línea lateral, buscando la amplitud necesaria que fomente la descompresión en la mitad del campo. En ése momento, el doble cinco pasa a ser esencial; ya que ante una inminente pérdida,  ambos  retroceden automáticamente y se adhieren a la línea defensiva, contrarrestando cualquier intento de contragolpe rival. Por último, los dos volantes por afuera cumplen una función sustancial; frente al perjuicio de las pelotas cruzadas, deben ser los más inteligentes al momento de intuir y frustrar un cambio de frente adversario, que se dirige con el fin de romper líneas de presión.

                Mientras varios expertos no se cansan de asegurar que los sistemas no son motivos de discusión, que sí lo son los jugadores que actúen en ese sistema, la trilogía defensiva  parece contradecirlos. Cuando la fórmula parecía inexistente y los seguidores extinguidos, apareció el Nápoli de Mazzarri; y con un segundo puesto en el calcio italiano que atormenta al Milan, el equipo azul le devolvió a los amantes de la línea de tres una manera eficaz de volver a la vieja escuela.  





  

viernes, 1 de abril de 2011

El Barça y un amor incondicional

El Barcelona sólo tiene una enamorada: la pelota. El equipo español ha perdido escasos encuentros en los últimos años. Sin embargo, hay alguien que hace ya tres años que no se despega de su lado; su único amor. El conjunto dirigido por Pep Guardiola cumplirá tres temporadas sin haber sido derrotado en ningún encuentro en la posesión del balón. Con el objetivo patente, y las estadísticas como testigos, el Barça no deja de arrasar en los registros.
               
                La mítica y cautivadora pelota, esa que en el siglo XVI llegaba al mundo ignorante de los infinitos pretendientes que lograría tener, parece haber encontrado un aspirante fiel. Allá por mayo del 2008, el Real Madrid de Schuster fue el último privilegiado en poder cautivar la posesión de la soberana, ante la mirada atónita del Barcelona, que en aquel entonces comandaba Frank Rijkaard.
               
                Laborioso y eficaz;  devoto a un estilo de juego sustentado por la posesión, el Barça presenta el punto de inflexión que cautiva a la pelota. Cuando la tiene la cuida como oro.  Una técnica prodigiosa como base en el período de formación le dio al conjunto español una de las fórmulas esenciales a la hora de enamorarla. Como si se tratara de un botín hecho de arena, los controles son fantásticos y la orientación privilegiada.
               
Cuando no la tiene en su poder, hace lo imposible para reconquistarla. No importa la ubicación, en manos de quién esté y mucho menos las intenciones. El Barcelona se fastidia. No tolera pasar más de tres segundos sin su enamorada.

                Como alguna vez Juan Ramón Carrasco, DT de River de Uruguay,  personificó en una charla técnica mediática, el equipo de Pep Guardiola aparenta tener la receta perfecta. Y es que  hace ya tres años, en una intensa demostración de amor, la pelota parece haber encontrado a su príncipe azul.

El Real Madrid y un coral de recursos tácticos

             El majestuoso sistema de juego del Real Madrid es un habitué de las sorpresas. Cuando las vertiginosas transiciones parecían ser el núcleo del estilo, Cristiano Ronaldo se ausentó, y el conjunto merengue demostró tener un abanico de medios.
               
¿En qué se basa un entrenador al imponer un prototipo de juego? ¿Sólo se apoya en los jugadores o  más allá de todo aplica su modelo predilecto? José Mourinho denotó, una  vez más, un laxo caparazón de sistemas; los jugadores, el rival y hasta la cancha pueden alterar un planteo. El Racing de Santander fue espectador de lujo, ante el imprevisible juego propuesto por  los merengues.

Si bien la esencia del equipo madrileño nunca toleró la horizontalidad y las conducciones paulatinas con la pelota, los peculiares cambios de ritmo se vieron intrincados por la ausencia de uno de los principales protagonistas, y con la presencia de Adebayor, el Real Madrid irradió con un  exitoso plan b: la posesión.

                El metódico y arrollador juego que propone el equipo de Mourinho cedió en Santander ¿Cuáles fueron las causas? O bien el entrenador se vio perturbado por la ausencia del vertiginoso Cristiano Ronaldo, o tal vez el grado de rebeldía de los jugadores fue suficiente para modificar, por un corto período, el característico sello de Mou.

                Frente al Lyon, el Madrid regresó a ese vértigo esencial. Y es que, tal como en el encuentro anterior seguramente la determinación de algunos nombres habían sido fundamentales en el estilo de juego,   esta vez la presencia de Ronaldo y Di María le regresaron al conjunto español su innato dinamismo a la hora de las transiciones.
               
                El equipo de Mourinho reveló contra el Racing y el Lyon dos maneras antagónicas de desempeñarse.  Y es que a esa velocidad arrolladora que tantos réditos le da a la hora de los cambios de ritmo, le agregó una pisca de serenidad que, al momento de descomprimir, puede funcionar  como un modelo esencial.